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México y su obsesión por el chile...

Es difícil que se me venga a la mente una sola comida mexicana sin chile. Y es que aquí, es un ingrediente básico en la cocina de cualquiera.
No es que esté exagerando, pero pueden encontrar cosas tan insólitas como chicles, paletas de caramelo, manzanas confitadas, gomitas, papas fritas, manís, ¡¡fruta!! y en realidad, todo lo que puedan imaginar, todo, pero todo, CON CHILE!!!...


¿Cómo?, 
¡¡¿NO ME CREEN?!!
... pssssss...



FOTOS DEL SUPERMERCADO:

He aquí un ejemplo clásico de botanas enchiladas:



¡¡¡¿Ya vieron?!!... 





a ver, de nuevo..






¿Ya? 


¿se dieron cuenta?...


¡¡¿NO?!!...



a ver, última vez..






¡PAPAS FRITAS ADOBADAS!
O________O


Y eso no es todo...
...las hay de jalapeño, chile piquín, chile habanero, con chile y limón, etc.


Si no estás acostumbrado, mejor ¡NI LO INTENTES!, porque vas a enchilarte hasta-la-madre, por lo menos los primeros meses -o años- (según). Ya una vez que te acostumbras, tu vida nunca vuelve a ser la misma... -culinariamente hablando, claro ¬ ¬. Hasta el plato que te prepara tu mamá desde chiquito, el mismo que siempre encontraste ÚNICO-DELICIOSO-INSUPERABLE, deja de tener sabor.

Después de una buenas enchiladas (esas que incluso dejan con lágrimas y romadizo) me declaro una fan del chile (ya me preguntaron, y NO, NO ES ALBUR!!! ¬ ¬)... pero sobre todo, de la comida mexicana...


Luv it!!


Manjares exóticos...

Mientras en otros puntos del planeta es considerado como I-M-P-O-S-I-B-L-E de ser comido, salvo en pequeñas cantidades -casi del tamaño de una arveja- (llámese chícharo, guisantes verdes o Pisum sativum), aquí es muy bien ponderado como una botana "bastante comercial", a veces, incluso al nivel de las papa fritas.
Lo comen con limón, salsa botanera, en salsa verde, pozole, con guacamole o simplemente como viene, al "natural".
Hablo nada más y nada menos que del CHICHARRÓN... síiii, ese mismo, ¡¡¡el "cuero" del chancho!!!...
Cuando llegué no podía entender que lo comieran, porque nosotros ¡no comemos nada!, somos unos niños mimados que NO sobreviviríamos en casos extremos. Acá la gente lo acepta como algo natural y delicioso, cosa que a mí no me causa ninguna gracia. Sin embargo me ganó la curiosidad y le di un mordisco a uno y casi lo vomito, ¡WAKALA!... no me gustó para nada ¬¬... sencillamente no es de mi agrado, pero sigue acaparando mi atención cada vez que lo veo en los supermercados... tanto así que les tomé unas fotos.

Este es el clásico... la gente lo compra por kilo...


Y este es el hecho por Barcel, Evercrisp, etc... algo así como "una botana en tu camino" :D

Tengo entendido que es consumido en todo Centroamérica, México y por comunidades latinas en Estados Unidos. Quizás algún día me acostumbre. Por ahora, sigue siendo algo extraño para mi paladar... bastaaaaaante, extraño -por decir lo menos-.

El mejor transporte público EVER..

LAAAAARGO PARÉNTESIS EN LETRA CHICA:


(ya sé, ésta es mi primera entrada... como ya la había escrito no he podido presentarme... así que luego de subir esto, les diré quién soy). 



Regresando ayer de hacer trámites migratorios, cansada de tanto esperar en las oficinas del "ÁGIL" Instituto Nacional de Migración por mi tercera prórroga, me dirigí a casa. Esperé en el paradero del metro "La Raza", la famosa 'pecera' (como pocas veces, pues suelo andar en auto la mayoría del tiempo) y subí a una micro de otra galaxia. 
Era una dimensión "ajena" a esta ciudad. No era cualquiera, eso que ni qué!... me refiero a una especie de "café ambulante", aunque, a decir verdad, sin los toques particulares de quien la manejaba, quizás hubiese sido como cualquier otro medio de transporte del D.F; La chofer, una mujer de unos 40 y tantos que usaba un delgado chaleco azul marino de cachemira, tenía una expresión notablemente relajada,amable (algo no muy usual en los choferes) y que sorprendentemente manejaba a la perfección: sin los típicos frenazos de los conductores-medio-saturados por la congestión vehicular y abrumados por la cantidad
E N O R M E de gente que deben hacer ascender (y descender) al vehículo en cada esquina -y no esquina- de cada cuadra. Las notas musicales del exquisito jazz de la radio entremezclados delicadamente con el crepitar de la fina lluvia de las 3, el agradable aroma del café que emanaba de la taza caliente de la gentil dama, dispuesto en un perfecto portavasos junto a su ventana, el nulo ajetreo de la máquina o ver libros (entre ellos uno de Moby Dick) apilados uniformemente -como para llegar y leer- fue sin duda lo que hizo de mi viaje algo sorprendente. 

Y lo mejor de todo: por tan solo $4.50

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